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Lic.
Jorge Eduardo Córdoba (vecino de Carapachay).
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Mi Ángel (REINA ZULL vecina de Vte. López)
El
ángel que Dios me dio
hoy, tiene forma y color
tiene corazón de hombre
y sufre con mi dolor
El ángel que Dios me dio
Tiene un especial encanto
Cuando me toma en sus brazos
Desaparecen mis llantos
El
ángel que Dios me dio
De a ratos lleva mi cruz
Y las tinieblas se alejan
Devolviéndome la luz
El ángel que Dios me dio
Tiene apariencia de hombre
Llora,baila,y ríe……….
Pero además tiene nombre
El ángel que Dios me dio
Tiene su propio dolor
Ha dejado de ser ángel
Por que conoció el amor.
Desmitificación
Deambulaba
un sábado a la noche entre esta vida y la nada presenciando
la encarnizada lucha entre la inconciencia y mis sentidos. Adivinaba
sombras sin rostro a mi alrededor, rojas, verdes, celestes, blancas
y una nítida figura de mujer. No una mujer cualquiera,
parecía la síntesis de las beldades que conocí,
admiré y soñé. Alta, delgada, con dos inmensos
ojos del color del jade, una pequeña nariz y exultante
boca de fresa. Su largo pelo negro azabache haciendo juego con
su entallado vestido. Parecía no querer perderse detalle
de lo que me estaba ocurriendo.
De pronto las sombras dejaron paso a la oscuridad.
Al tiempo me vi sentado a una mesa frente a la “Bella Dama”.
Rodeando la mesa y a la manera de estadio, cuatro tribunas de
distinto color, una completamente roja, otra blanca, una tercera
negra, y la cuarta con los tres colores.
A mi izquierda un mequetrefe vestido de rojo y maloliente y a
mi derecha un regordete de larga barba blanca y bata también
blanca. Coronaba el estadio un palco con personajes de las divisas
rojo, negro y blanco.
Descubrí que cada personaje tenía su propia hinchada
y yo, vestido de tricolor, tenía la mía.
Los personajes del palco eligieron un árbitro y salió
favorecido el regordete de larga barba. Me explicó que
tenia la opción de jugarme el futuro en una partida de
naipes y acepté sin saber realmente que hacia o debía
hacer allí. También explicó que jugaría
una partida de truco con la “Bella Dama” a treinta
puntos, sin flor y que la falta envido ganaba el partido.
Se aceptaron las condiciones y el árbitro fue el encargado
de repartir las barajas. Íbamos punto a punto, festejados
por las tribunas, tricolor, rojo y blanco, éstas dos últimas
no sé que festejaban.
La mía por lejos, era la más ruidosa, y a cada punto
logrado, las aclamaciones y vítores acallaban a las demás.
La hinchada negra seguía en imperturbable silencio, sólo
en algunas ocasiones y en forma muy puntual, hacían tintinear
suavemente una campana.
Al grito de Pelambre se la banca, Oh, Oh, Oh,.. y la ventaja de
tres puntos obtenida, mi orgullo y mi ego, se agigantaron. Trataba
de semblantear a la “Bella Dama”, pero su capelina
me impedía verle el rostro, aunque un leve temblor en su
mano izquierda me hizo creer que se empezaba a desesperar. No
sabía a ciencia cierta de que me servia ganar, pero puesto
a jugar, quería ganar a toda costa.
A la mano siguiente y con un temblor mas que evidente en sus manos,
me canto falta envido. Agrandado y al grito de mi hinchada de
“Humille Pelambre, Humille” salte de la silla como
un resorte y grité con todas mis fuerzas: “Quiero,
29”y arrojé las cartas sobre la mesa. El destino
en definitiva, lo había señalado yo.
La “Bella Dama” miró una vez más sus
cartas, las arrojó sobre la mesa y con una leve inclinación
de cabeza y un frío apretón de manos me dijo: Ganaste
y va a ser la única vez. Después de saltar y gritar
con los míos, me detuve a observar al regordete de larga
barba que estaba eufórico y saltaba a la par nuestra. Aún
hoy, no comprendo que festejaba. Todo empezó a volverse
sombras, cada vez más densas, hasta que oscureció
totalmente.
Sentí una cálida mano que me acariciaba y una voz
que me preguntaba no se que. La oscuridad se fue disipando y empecé
a ver la figura de Leila, la doctora de la sala. Por detrás
suyo, la “Bella Dama” esgrimió una leve sonrisa,
guiñó uno de sus inmensos ojos del color del jade,
levantó su diestra a modo de saludo y se esfumó
en las sombras del corredor del hospital.
Creo que de haberla conocido antes, me hubiera ido con ella.
Víctor “Pelambre” d´Assuncáo
Delirio
(Cuento Negro)
Morí
hace veinticinco días y resucite hace diez. Me tomó
un poco mas que a Jesús pero al fin lo logré.
Había fallecido durante una riesgosa intervención
quirúrgica en el Policlínico de Gral. San Martín,
el 28 de diciembre de 2004, a las 22.45 hs., por un paro cardiorrespiratorio.
Algunos de mis órganos fueron donados por mis parientes.
Fui depositado en la bóveda familiar, en el 3º subsuelo,
el 30 de diciembre de 2004, en el cementerio de Gral. San Martín.
Resucité el 13 de enero de 2005, a las 5 de la mañana.
Después de luchar un poco para romper el cajón,
conseguí salir del mismo y empecé a forzar la puerta
de la bóveda que no tardo en ceder. Me arranque esas horribles
puntillas que le ponen a todos los muertos y me encontré
vestido de una manera singular. Tenía camisa, corbata y
mi querido blazer azul, un slip rojo y estaba sin pantalones,
medias ni zapatos. A todo esto ya eran las seis de la mañana.
Corrí hacia la salida del cementerio, pero el portón
enrejado todavía estaba cerrado. Trepé por los barrotes
y gané la calle.
Me desprendí de la ropa menos el slip y me dirigí
a la remisería de la esquina. Pedí llamasen a la
policía en forma urgente.
Cuando llegó el patrullero me llevó a la comisaría
1º para hacer la denuncia. Los botones me prestaron un pantalón
y una raída remera. Ya frente al oficial de turno comencé
mi exposición.
Buenos días oficial, quiero denunciar que morí el
día 28 de diciembre de 2004 y que acabo de resucitar; perplejo
el oficial me miró fijamente y me preguntó en tono
amenazador si lo estaba cargando. Al explicarle lo sucedido y
sin creerme demasiado, fui llevado junto a dos agentes de vuelta
al cementerio. Al revisar la bóveda y comprobar que mis
dichos coincidían en todos los detalles, dieron parte a
la fiscalía y fui remitido a la comisaría. A las
ocho se presentó el fiscal y comenzó el interrogatorio.
Como te llamas? Dónde vivís? Tomas alcohol? Te drogas?
etc. Durante casi dos horas. Llamó al médico forense
que me reviso exhaustivamente. Me preguntó por las grandes
cicatrices y le volví a contar mi historia.
Los cirujanos y el equipo de ablación del hospital fueron
requeridos en forma urgente. Pedí algo de comer y me trajeron
un café. Los policías trataban de no acercarse demasiado
a mí y menos aún tocarme. Me sacaron sangre y me
tomaron las huellas digitales.
Cuando llego el equipo medico del hospital, anonadados, aseguraron
haberme operado y haber certificado mi muerte en el día
y la hora por mi señalados. El equipo forense reconoció
haber extirpado el baso. Creo que lo demás no servia para
nada.
Seguía con hambre. Para las doce un mundo de periodistas
y canales de televisión, pugnaban vanamente por entrevistarme.
Mi situación procesal era anodina, no había cometido
ningún delito pero estaba detenido e incomunicado.
Un renombrado estudio jurídico de la Capital ofreció
representarme gratuitamente.
Mi ficha dactiloscópica coincidía con las muestras
que me habían sacado y el examen de ADN arrojó una
compatibilidad del 99,9%. A pesar de todo, seguía detenido
y con hambre.
Las tradicionales Academias de Medicina del Mundo dejando de lado
su inicial escepticismo, enviaban delegaciones de científicos
para corroborar los hechos.
Fui llevado al hospital, me hicieron nuevos análisis y
radiografías, una tomografía computada y una resonancia
magnética. En la unidad de Psiquiatría, pasé
mas de dos horas. Nadie osaba tocarme y algunas enfermeras huían
despavoridas.
Por fin me dieron de comer. Pasé la noche internado y encadenado
a la cama. La Comunidad Científica no daba una clara explicación
de lo sucedido y pasó lo que yo menos esperaba.
Congregaciones religiosas empezaron a hablar del nuevo Mesías,
del milagro de la resurrección, ahora probado científicamente
y esperaban que a partir de ahora, con mi presencia en la tierra,
se develaran todos los misterios bíblicos.
La gente empezó a copar la explanada del hospital. A un
pequeño grupito se le anexaba otro. A las diez de la noche
los medios periodísticos hablaban de mas de un millón
de personas y enfocaban caravanas que venían al hospital
desde distintos puntos del país. No se de donde consiguieron
una foto mía, pero aparecieron pancartas y carteles. Improvisaban
ceremonias religiosas y cantaron salmos durante toda la noche.
A la mañana, las autoridades declararon asueto y casi medio
país estaba en mi querido San Martín.
Para la tarde se esperaba la llegada del Papa y casi todos los
jerarcas religiosos del mundo.
Yo, Pelambre para los amigos, zurdo, trotskista y anticlerical,
pasé a ser SAN PELAMBRE de la noche a la mañana.
Hoy, enfrentándome a mi otro yo en el espejo, después
de haber distraído su atención durante el tiempo
que le llevo leer o escuchar este relato, juro solemnemente, NO
VOLVER A ESCRIBIR CUANDO ESTOY EN PEDO.
Víctor
“Pelambre” d`Assuncáo
al
final del camino mi
imagen se deteriorará,
mis manos comenzarán a temblequear,
caminaré despacio, muy despacio,
probablemente encorvada, mirando hacia abajo.
han
de venir ciertos temores, como es natural,
porque si así no fuera,
sospechoso seria afirmar que soy humana.
la perplejidad me sorprenderá
cuando detenida ante el espejo,
a cada arruga le de un nombre.
se
consumirán los momentos,
cuando se avecine el final del camino,
y con la vista en retroceso,
contemplaré aquellos días soleados
aquellos nublados, aquellos vividos junto a ti.
solo la memoria servirá, si la demencia no ataca,
pero si ella me arrebata, mis recuerdos más queridos,
será tu calidez, tu amor sincero, los que me cobijen
y los que recen por mi al final del camino.
Patricia
– Vecina de Florida
muero
por verte muero
por verte, y todo aquí es dolor
la melodía del silencio me acompaña día y noche,
en cualquier momento, en cualquier lugar.
mi amor, te pido que me devuelvas el aire,
que me devuelvas la vida, que me devuelvas el corazón...
amarte así, es soñar que te tengo junto a mí,
solo soñar,
te siento en mi y necesito que me quieras,
no mucho, un poquito y voy a ser feliz...
la eternidad no me alcanza para decirte cuanto te amo
sos el sol que iluminaría mi vida, el agua que saciaría
mi sed,
el calor de mi ser, la alegría de mi vivir.
Patricia – Vecina de florida vida
y muerte como
el azúcar en una taza de café
mi vida se disolvió al mover la cuchara.
todo lo que fui, ya no es,
y todo lo que soy, será.
convertida
en otra persona, siendo la misma,
camino cruzando casas y gente,
mostrando en la mirada
la tranquilidad que siento.
oyendo
la acelerada respiración de la urbe,
ando, y el tiempo está contado,
tiempo que no permite disfrutar y ser disfrutado.
como
el azúcar, como polvillo somos,
estamos en algún momento,
quemamos etapas que ya no regresarán,
como ese cigarrillo que se consume,
y luego desaparecemos.
vivamos
el momento sin pensar en el futuro,
pero éste, ¿nos permite vivir el momento?
astuto y cobarde tiempo
que pasa a nuestro lado con aire de vencedor.
si somos por el derrotados!!!
como
el agua absorbida por la tierra
mi vida se disolvió,
cuando yo quise verla.
Patricia
– Vecina de florida
Jugando
detrás del sol
te fuiste;
te convertiste en un ángel
y te diviertes jugando detrás del sol.
te fuiste y quedamos aquí.
tu estas en ese lugar que siempre quisimos conocer…
donde las paredes son de cristal, y el sol de miel.
solo descansas
en la sombra de la luna,
y luego te despiertas para jugar…
corres detrás de ellos,
el viento no sopla,
la lluvia no cae,
no existe el fuego ni el hielo,
solo existe esa pureza
que algún día decidió llevarte con ella…
y ese día
marchaste
con las sinfonías de tu ángel,
un día donde el viento pareció levantarme…
y las lágrimas amargas llovieron,
y tu voz se fue, y tu cuerpo se esfumó…
y allí te encuentras jugando detrás del sol.
pudiste atrapar esa estrellita fugaz?
solo si volvieras
por unos minutos,
volveríamos a correr, a reír, a llorar…
solo si volvieras por unos minutos,
podríamos jugar detrás del sol,
en la sombra de la luna, hasta el fin.
Para A. Méndez
Melisa
– Vecina de Florida
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