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ARGENTINA: Primer
informe del gobierno sobre el desmanejo de los recursos naturales
Para
el informe oficial, si no hay cambios, el pronóstico es
sombrío.
Pérdida de bosques nativos para la explotación de
soja, extinción de la fauna autóctona, expansión
de especies transmisoras de enfermedades, y contaminación
de los ríos y las aguas subterráneas son algunas
de las consecuencias de la falta de política ambiental.
Grandes extensiones del litoral de los ríos Paraná,
Paraguay y Uruguay "se hallan sometidas a procesos recurrentes
de inundación".
Un alarmante informe sobre la Argentina dio a conocer la Secretaría
de Medio Ambiente de la Nación. El trabajo, de más
de 300 páginas, releva los problemas ambientales que afectan
al país: anuncia la probable pérdida de la mitad
de los bosques nativos en los próximos años,
a causa de la extensión de la frontera agrícola,
con explotaciones basadas principalmente en loscultivos de soja.
Estos, además, "si bien pueden generar rendimientos
en los primeros años, producen deterioros, a veces irreversibles,
en las propiedades de los suelos".
El informe señala también la pérdida en la
diversidad de la fauna autóctona, cuya consecuencia es
la expansión de especies que transmiten enfermedades, y
advierte sobre la contaminación de
las aguas, no sólo en los ríos sino también
en los grandes acuíferos
subterráneos de la provincia de Buenos Aires. Sólo
el 42 por ciento de la población cuenta con desagües
cloacales, las aguas de los pozos ciegos contaminan las napas
y como resultado se registran enfermedades como las hepatitis
y la fiebre tifoidea. El documento examina escenarios posibles
a futuro.
El
informe, denominado "Geo Argentina 2004", fue redactado
por un equipo de especialistas y está suscripto por Atilio
Sabino, secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la
Nación. Se efectuó a partir de un convenio con el
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Empieza con un desarrollo histórico de las cuestiones ambientales
en la Argentina que culmina en la última década
del siglo XX.
De esa década, el informe señala "dos hechos
sustantivos en relación con losrecursos naturales".
El primero se refiere a la pesca marítima, para la cual
"la apertura de la Argentina a la economía mundial
en los '90, la desregulación y la estabilidad económica
atrajeron inversiones externas sin un marco interno claro y estable.
La sobrecapitalización del sector y la modernización
de los puertos operaron sin consideración alguna de la
sustentabilidad del recurso, lo cual dio lugar a una sobreexplotación".
El
segundo descalabro que empezó en los '90, y continúa,
"es la adopción de un nuevo modelo de producción
agrícola", consistente en "un vuelco masivo a
la producción de soja transgénica, en muchos casos
en detrimento de los bosques nativos o de los cultivos tradicionales,
facilitado a su vez por el incremento de las precipitaciones (consecuencia
del cambio climático global)
que extiende hacia el oeste la factibilidad" de este cultivo.
"La Argentina se encuentra en estado de emergencia forestal",
según señala el informe al advertir que, si se mantiene
la meta de llegar a los cien millones de toneladas de producción
de granos, "tendría que extenderse la frontera agropecuaria
entre 12 y 15 millones de hectáreas", con lo cual
"en los próximos años estaríamos convirtiendo
a la actividad agropecuaria el 50 por ciento de la actual cobertura
de bosques nativos".
En
rigor, se trata de la agudización crítica de un
problema de larga data y "aún hoy, muchas constituciones
provinciales promueven el desarrollo
agropecuario a través de incentivos para avanzar sobre
los bosques". Y, a nivel nacional, "no existe un mecanismo
eficaz tendiente a premiar el desarrollo de prácticas de
manejo sustentable en bosques nativos".
El
informe observa que "aunque la adaptabilidad de los cultivos
modificados genéticamente puede producir rendimientos satisfactorios
en los primeros años, las propiedades morfológicas,
físicas y químicas de los suelos sufren deterioros,
a veces irreversibles".
Más
en detalle, "los cultivos de granos, que eran propios de
la región
pampeana central, se expandieron hacia las zonas aledañas
y a regiones del nordeste y noroeste del país". Esta
"expansión de la frontera agropecuaria" se verificó
"sobre tierras con riesgo climático, elevada tasa
de mineralización y susceptibilidad a la erosión
hídrica y eólica". Tales tierras "tienen
costos atractivos para los inversores" pero "se observa
claramente su vulnerabilidad y su escasa rentabilidad en el tiempo".
Además, "es notorio el incremento en el uso de agroquímicos":
el empleo de fertilizantes se triplicó en 10 años,
entre 1991 y 2001, y el de herbicidas se cuadruplicó en
el mismo período.
Así
las cosas, a la fauna autóctona no le está yendo
bien. "Se reduce la diversidad de especies animales",
en relación con el mencionado avance de la frontera agropecuaria,
más la sobreexplotación forestal, más "obras
hidroeléctricas como Yacyretá y Urugua-í,
que han provocado no sólo alteraciones climáticas
e hidrológicas sino también la desaparición
de amplias porciones de selva". También afectan a
nuestros animalitos factores como "la contaminación
con agroquímicos y pesticidas, la introducción de
especies exóticas, la transmisión de enfermedades
por el ganado doméstico y la explotación minera".
El
equilibrio entre esos animales preservaba la salud de la gente:
"La
reducción de la biodiversidad faunística produce
impacto en los
ecosistemas", permitiendo la proliferación de "reservorios
o transmisores de zoonosis o enfermedades graves como Chagas,
tuberculosis, lepra, mal de los rastrojos, mal de las represas,
entre otras". Y "existen acciones humanas que potencian
estos transmisores, como la construcción de grandes represas
con reservorios acuáticos y de silos de almacenamiento
de alimentos".
Si
así están las tierras y sus animales, ¿cómo
están las aguas dulces
argentinas? "El principal problema proviene de los procesos
de contaminación a que están sometidas sus fuentes
-contesta el informe GEO-, y precisa que "la principal fuente
de contaminación de las aguas es de origen industrial",
especialmente "en el tramo litoral de casi 400 kilómetros
que va desde la ciudad de Rosario a la ciudad de La Plata".
Pero también los ríos se contaminan "por productos
usados en agricultura, como herbicidas, fungicidas y fertilizantes".
En
esas aguas, ningún pez puede ser feliz, y el informe documenta
"la
desaparición o reducción de especies de alto valor
como el dorado, el surubí y el pacú" por causa
de "la contaminación, básicamente de origen
industrial". Esa contaminación, además, "representa
cierto nivel de riesgo para el consumo de los peces por la población.
Una de las áreas más afectadas es el 'arco Rosario-Magdalena'
que involucra a las provincias de Santa Fe y Buenos Aires".
Y,
si algún pez intentara guarecerse en el agua que circula
bajo tierra, le sería inútil porque "la utilización
para riego de los acuíferos Puelche y
Pampeano generó importantes niveles de contaminación
en este recurso subterráneo".
Si
así anda el Puelche, ni qué hablar del Riachuelo:
"En la cuenca
Matanza-Riachuelo se ha detectado alrededor de 3000 focos de probable
contaminación, de los cuales la mayor parte son industrias".
Es que "si bien la mayoría de las industrias del Gran
Buenos Aires cuenta con instalaciones de tratamiento, sólo
el 15 por ciento cumple con las regulaciones y normativas sobre
descarga".
Y
además la inundación: "Numerosas ciudades del
litoral de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay se
hallan sometidas a procesos recurrentes de inundación",
vinculados "con el incremento de las precipitaciones, en
especial de tipo tormentoso, motivadas por el proceso de cambio
climático" pero también con "la obsolescencia,
insuficiencia y escaso mantenimiento de la red de desagües
pluviales", la "alta modificación del drenaje
natural de las cuencas", "la alta impermeabilización
del suelo urbano" y "el relleno y ocupación de
franjas costeras".
Así
las cosas en los campos y los ríos, ¿será
mejor en la ciudad?
"La gestión urbanística de nuestras ciudades
sufrió recientemente dificultades derivadas de la casi
inexistente planificación de mediano y largo plazo y del
recorte de las funciones estatales." El informe observa que
las normas urbanas terminaron por aplicarse sólo a la clase
media: "El mercado solía eludir o manipular el control
normativo
en la producción de hábitat para los sectores socio-económicos
altos, en tanto los sectores bajos no podían cumplimentarlo
por su incapacidad económica".
El resultado fue "la baja calidad ambiental de grandes sectores
urbanos", la "carencia de espacios verdes" y "la
inexistencia o mínima provisión de servicios".
El
documento oficial reconoce que "para grandes sectores de
la población, la demanda insatisfecha de desagües
cloacales y agua potable obliga a la coexistencia de pozos ciegos
y perforaciones domiciliarias: las napas de las que se nutren
estas perforaciones son contaminadas por los propios efluentes
cloacales". Y señala el "volcamiento sin tratamiento
previo de aguas" como
un "problema generalizado en las ciudades argentinas".
Sólo el 42,5 por
ciento de la población cuenta con desagües cloacales
y sólo un 78,4 por ciento tiene agua de red. El resultado
son enfermedades, de las cuales "las más habituales
son las hepatitis virales, la diarrea aguda, la fiebre tifoidea
y paratifoidea". El informe solicita "asumir que los
servicios de saneamiento deben estar al alcance de toda la población,
independientemente de su capacidad de pago".
En
el otro costado de la brecha social, "es alarmante en los
últimos tiempos el desarrollo urbanístico de barrios
cerrados en plena pampa húmeda, sin ninguna evaluación
de las consecuencias en el largo plazo".
Pedro
Lipcovich
Fuente:
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