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El hornero, un vecino más del barrio (por
Diego Gustavo Ferrer)
Es
el ave nacional. Famoso por su nido de barro que resiste la lluvia
y el viento, habitualmente se pasea por las plazas, jardines y
veredas, en búsqueda de insectos que constituyen su dieta.
Es confiado, de carácter inofensivo y suele verse en parejas
cantando a dúo.
Durante
el transcurso del año 1928, el diario “La Razón”
de Buenos Aires realizó una encuesta a escuelas primarias
de todo el país pidiendo que eligieran un ave que, por
sus cualidades y su historia, representara a una parte importante
de nuestro folklore. Con una exitosa respuesta y teniendo en cuenta
la consigna pedida, los alumnos votaron en el primer puesto al
hornero, seguido por el cóndor, el tero, el ñandú,
el chajá y el chingolo. De esta manera y por ser un ejemplo
de laboriosidad, inteligencia y previsión, se transformó
en el ave nacional de la Argentina. Tal designación nos
obliga entonces, a conocer algunas de sus más interesantes
características.
Esta
ave que pasea su andar elegante por parques, plazas y hasta en
nuestros propios jardines y veredas, es un integrante del orden
de los llamados “Passeriformes”, un grupo de aves
representada por más de 5.000 especies, casi la mitad de
las que habitan el mundo actualmente. El principal rasgo que los
diferencia de los otros grupos son sus tres dedos adelante, sin
membrana, y un cuarto hacia atrás, los cuales al cerrarse,
les permiten sostenerse de ramas sin caerse (incluso dormidos).
Otra particularidad es que sus crías nacen ciegas y sin
plumas, es decir, vulnerables para cualquier ataque de predadores,
por tal motivo sus padres deben alimentarlos y cuidarlos hasta
que puedan volar y conseguir alimento por sí solos.
El
hornero, a comparación de otras aves, no tiene un plumaje
muy vistoso, es de color pardo rojizo en su parte superior, alas
y cola, y de un blancuzco a gris ocre en la zona del cuello y
del vientre. La condición de ave caminadora, al igual que
el zorzal y la calandria, otorga a sus patas una función
vital: son fuertes y resistentes. Su pico es fino, angosto y punzante,
con el que obtiene insectos y gusanos, su fuente de alimento preferida.
Pero también tiene otra utilidad indispensable, ya que
le permite diseñar artesanalmente su nido.
Es
una firme construcción de barro, raíces y pajitas
que al secarse endurece totalmente e impide el paso del viento
o el agua de lluvia. Para cementar los materiales utiliza su saliva,
aprovechando que sus glándulas salivales se hipertrofian
(funcionan más de lo normal). En la confección intervienen
tanto el macho como la hembra, que trabajan a la par durante una
semana, lapso en que, si las condiciones son favorables, el nido
quedará terminado. Además de la forma característica
de horno, posee una entrada hecha a su justa medida para que no
puedan ingresar predadores, continuando en su interior en espiral
hasta desembocar finalmente en la cámara de anidación.
Suele ubicarlo en lugares visibles, como postes, ramas o techos,
y generalmente, construye un nido nuevo cada año, el cual
abandona al final de la época de cría. Sin embargo,
si el lugar es el indicado, realiza otro junto al anterior o encima
del mismo, semejante a un edificio. Los nidos abandonados son
aprovechados por gorriones, golondrinas y jilgueros.
El
momento de la reproducción comienza en primavera cuando
la pareja, que normalmente por su plumaje y coloración
no presenta grandes diferencias entre macho y hembra, se reconocen
mutuamente enfrentándose y con las alas entre abiertas,
vocalizan simultáneamente a dúo. La hembra pone
de 2 a 5 huevos, los cuales tienen un período de gestación
de 15 días, al cabo de los cuales nacerán los pichones.
Podemos
afirmar, entonces, que el hornero es un ave simple, de carácter
apacible, pero que no por ello deja de ser un ejemplo entre todos
los de su grupo. Puede ser observado a lo largo de todo el año,
dado que tiene preferencia al lugar que habita y no emigra ni
viaja a otras latitudes. Por todo esto, y por su tradicional sacrificio
a la hora de construir su hogar, es que se ganó el lugar
que se merece.
Diego Gustavo Ferrer
Reserva Ecológica de Vicente López
dgf_info@yahoo.com.ar
Bibliografía
NAROSKY
T. y D. YZURIETA, 2003. Guía para la Identificación
de las Aves de Argentina y Uruguay. Edición de Oro. Vazquez
Mazzini Editores. Buenos Aires.
ZELAYA,
D. G. y J. H. PEREZ. 1998. Observando aves en los bosques y lagos
de Palermo. Ciudad de Buenos Aires. Editorial Athene. Buenos Aires.
CANEVARI,
P. y T. NAROSKY. 1995. Cien Aves Argentinas. Edición Albatros.
Buenos Aires.
En
internet:
www.avespampa.com.ar
www.pajarosargentinos.com.ar
www.avesdelapatagonia.com.ar
Agradezco
la amabilidad del Sr. Jorge Spinuzza por cederme las fotos para
el presente artículo.
Ficha
Técnica
Nombre Científico: Furnarius rufus
Nombre Común: Hornero o Caserito
Familia: Furnariidae
Tamaño: 18 cm.
Distribución: Norte de Argentina hasta
noroeste de
Chubut, Brasil, Paraguay, Bolivia y
Uruguay.
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